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HISTORIA DE LA COFRADÍA: PRIMEROS PASOS

De las fuentes consultadas deducimos que si en 1877 estaban ya los tres sayones en la Ermita junto con el Ecce-Homo la creación de la Cofradía de Penitencia no se debió a una decisión precipitada sino a algo premeditado, ya que cuando en 1877 se firma el Acta Fundacional la nueva Cofradía tiene ya en su poder todos los elementos propios para el desfile procesional tales como túnicas, báculos y demás útiles que constan en el inventario. Toda la organización debió decidirse en reuniones, de las que no hay constancia escrita, que presumiblemente tendrían lugar en la Casa del Marqués de Matallana, en cuyos talleres de carpintería se tallarían los sayones y las andas. El Cristo es de época muy anterior puesto que, según Matías Ramón Martínez, a principios del siglo XVI existía ya su Ermita. Así pues podemos considerar el 2 de Mayo de 1877 como el final de un proceso de preparación que se concreta en el acto de fundación de la Cofradía del Señor Ecce-Homo, a la vez que la misma fecha significa el comienzo de otro proceso que, aun con muchas lagunas, ha llegado hasta nuestros días.

Interesados por saber las circunstancias de la desaparición de la Ermita no encontramos ningún dato en el Registro de la Propiedad ni en el Libro de Actas de la Cofradía de manera que, ante la ausencia de noticias oficiales, acudimos a quienes conocieron el caso directamente informándonos de que la Casa del Ecce-Homo fue vendida por el párroco de San Miguel de acuerdo con la Cofradía, ya que se necesitaba dinero urgentemente para reparar los tejados de la Iglesia de San Miguel. La venta debió hacerse en los años inmediatamente anteriores a la Guerra Civil con la condición de que la Iglesia acogería el retablo, las imágenes y los enseres propios de la Cofradía que había en la Ermita, para lo cual se habilitaría una habitación para los enseres y un lugar entre las Capillas que albergaría el retablo con la imagen del Señor Ecce-Homo. En principio el retablo se colocó en el lienzo de pared existente entre la Capilla donde actualmente está La Amargura y el acceso a la Sacristía. Años más tarde, con ocasión de unas obras que se realizaron para sustituir la solería de la Iglesia, se abrió la Capilla del Baptisterio que hasta entonces había permanecido cerrada utilizándose solamente como acceso a la torre. En su interior se ubicó el retablo del Ecce-Homo sobre un poyete quese construyó con los restos de las lápidas de mármol que se arrancaron del suelo en una actuación más que desafortunada. En el mismo lugar se le dio a la Cofradía la habitación -si así se la pudiera llamar- que ocupaba el hueco de la escalera a la izquierda del retablo. Con esta actuación la Iglesia daba por cumplido el compromiso adquirido con la Cofradía.

Hoy día la imagen del Señor Ecce-Homo se venera en la Capilla del Baptisterio en su retablo primitivo. El Cristo ocupa la hornacina central del retablo. A su izquierda hay un San José que coincide con el inventariado en 1877 y en 1923. En la parte superior del retablo, y como parte integrante del mismo, está enmarcado el lienzo que representa a Nuestro Padre Jesús Nazareno. El Rostro del Señor estuvo durante muchos años en la Sacristía de San Miguel, a los pies del Cristo de la Veracruz, pasando después, parece ser, a la Vicaría. Se trata de una cara tallada de artísticos rasgos, montada sobre una tabla. Cuando estaba en la Ermita se la podía ver a través de un cristal.

Aún hoy se conservan algunos de los enseres primitivos tales como el escudo de la Cofradía realizado en metal dorado y que es el mismo que todavía se saca en procesión prendido en el guión. También se conservan, y en buen estado de uso, algunos de los báculos que se hicieron con ocasión de la fundación de la Cofradía. Los sayones, con muchas reformas encima, conservan inalterable el mismo estilo que en 1877 y tanto el cetro como la corona y las potencias de plata no han sido sustituidos en los más de cien años de existencia de la Cofradía.