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RASGOS SINGULARES DE NUESTRA SEMANA SANTA

EL SENTIDO DE LAS TÚNICAS DE COLA

por

José Márquez Franco

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           Desde hace algunos años los jerezanos venimos empeñados en conseguir para nuestra Semana Santa la denominación de Interés Nacional, un reconocimiento que solamente pretendemos que se haga oficial puesto que los jerezanos estamos convencidos de tener la mejor Semana Santa de Extremadura. Pero es que, a veces y con demasiada frecuencia, vemos cómo fiestas y eventos de nuestra geografía hispana consiguen su propósito en un abrir y cerrar de ojos. Las exigencias del guión nos confirman que existen, al menos, dos elementos tan determinantes como injustos: la situación geográfica, que es la que condiciona las comunicaciones y los servicios exigibles, y el dinero necesario para completar la promoción imprescindible del evento a nivel nacional. Más aún, la declaración se apoya más en los datos estadísticos que en la antigüedad, la tradición y los méritos artísticos de la fiesta. Parece mentira que aún hoy, al cabo de tantos siglos, nos parezcan tan actuales los versos de Francisco de Quevedo y que sigamos diciendo con él, absolutamente convencidos, aquello de “poderoso caballero es Don Dinero”.

           Entre las otras exigencias del guión del expediente de declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional se solicitan los rasgos singulares que pudieran diferenciar a nuestra Semana Santa del resto. Son aquellas notas propias que pudieran darle a la Semana Santa jerezana ese carácter de originalidad que la hicieran destacarse y aparecer como única entre otros eventos cofrades de nuestro entorno. Y de eso es, precisamente, de lo que nos sobra. En nuestro caso no es éste carácter singular un elemento inventado, éste carácter lo dan los siglos, lo que en términos castizos podríamos llamar solera. Y Jerez de los Caballeros la tiene. Las tradiciones se basan en un poso cultural que se ha decantado con los años. No son nada artificial, no están ligadas a la farsa o al engaño. Son parte de nuestra esencia, de nuestro carácter como pueblo.

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          En múltiples ocasiones se ha especulado con el sentido de las túnicas de cola que desfilan en la madrugada del Viernes Santo en la Real y Pontificia Cofradía del Señor Coronado de Espinas de Jerez de los Caballeros. Desde luego no hay duda de que podemos contar a esta peculiaridad entre los rasgos singulares. En ninguna Semana Santa de muchos kilómetros a la redonda, que nosotros sepamos, lucen túnicas de cola a la manera jerezana. Pero no vayamos a pensar que este aditamento de las túnicas de cola es original y exclusivo de la Cofradía del Señor Coronado de Espinas. Históricamente se tienen noticias de su existencia en otras poblaciones. En la mayoría de las cofradías las colas han desaparecido y en otras se mantienen en la actualidad recogidas en la espalda, entalladas entre el sayón y el cinturón. En otras se conservan plegadas sobre el brazo contrario al que porta el cirio e incluso hubo cofradías en otros lugares que iniciaban el desfile con las colas recogidas y las desplegaban al paso por una carrera oficial, por la iglesia de mayor categoría o, en su caso, por la catedral. El pintor gaditano Hohenleiter (Cádiz 1898 - Sevilla 1968) nos dejó constancia, hace casi cien años, de los distintos tipos de túnicas penitenciales en una serie magnífica de grabados que fueron publicados hace ya algunos años, en 1987, en una colección del diario ABC en su edición de Sevilla.

            Muchas cofradías han tenido en Jerez de los Caballeros túnicas de cola. Tenemos constancia de su presencia en la Cofradía del Señor Ecce- Homo. En el momento de la restauración de esta Cofradía en los años sesenta aparecieron túnicas de cola en el fondo de los baúles. Yo mismo recuerdo un par de ellas que se colocaban, quizás por su singularidad, inmediatamente detrás la Cruz de Guía. Recuerdo también haberlas visto en la Archicofradía del Santísimo Sacramento.Entre las fotografías que se exhiben en el bar “La Rambla” encontramos el testimonio gráfico de la Cofradía de Santo Domingo de Guzmán bajando por la calle Zapatería hacia la Fuente de Los Santos. Los nazarenos  desfilan con sus colas blancas desplegadas. Es un documento único que nos legó la cámara y el arte de Ruth Matilda Anderson, la fotógrafa americana que trabajó por encargo de la Royal Hispanic Society de Nueva York entre los años 1928 y 1929.

           En muchos lugares de nuestra geografía, como hemos dicho, se conserva la cola recogida en la espalda, como es el caso de algunas cofradías sevillanas. Otras la han perdido, como las cofradías de Jerez. Cabe preguntarse por su origen y, más aún, por su significado. He encontrado algunos argumentos para explicar esta costumbre por lo que podríamos aventurar algunas hipótesis.

           Me he tropezado con un comentario escrito sobre el tema, en referencia a las hermandades hispalenses, en una publicación del año 1852: “Las colas o faldas, más o menos largas las tuvieron siempre, y las llevaban arrastrando en señal de luto y sentimiento. Estos hermanos eran los de luz, pues los de Penitencias, de azotes y demás que en aquellos tiempos se usaban, iban desnudos de medio cuerpo y con otras penitencias que inventaban. Los de Luz eran sus penitencias interiores, como cilicios, garbanzos en los zapatos, etc.” [1]

           Al parecer, las túnicas de cola derivan de los antiguos trajes medievales, una especie de sotanas llamadas lobas, que a su vez reflejaban las vestimentas de los senadores romanos. La longitud de las colas, que se recogían en el antebrazo, indicaba en aquella época la categoría social del personaje. Su uso en los desfiles procesionales procedería de aquel antiguo atuendo. ¿Pero cuál sería su significado?  Según González de León se llevaban en señal de luto y sentimiento. Según otros testimonios, el penitente, al arrastrar su cola, se llevaba con ella las basuras, las inmundicias de la calle, significando con este gesto la suciedad de sus pecados, haciendo de esta manera manifestación pública de sus culpas.

         Yo siempre tuve la impresión de que el significado de esta forma de vestimenta debía superar lo meramente estético, que sería el resto, el testigo, de algo más trascendental, más profundo. Yo pensaba en los guerreros, en los militares, en los caballeros que se enterraban con sus uniformes. ¿Por qué no los cofrades? Y llegaba a una conclusión: Las colas de las túnicas servían de mortaja. Así se explicaría la costumbre de dejar un trozo de tela larga a modo de cola para amortajar al cofrade que en unas cofradías podía ir plegada en la espalda, en otras recogidas en el antebrazo y en otras, tal y como se conserva en el Coronado, se extiende y se arrastra por todo el recorrido recordando de esta manera el último trance del hombre en la tierra. Su persistencia, aunque haya perdido el sentido en la actualidad, debe recordar la muerte como realidad postrera y también, en el caso de una última voluntad, el deseo de sentirse arropado por todo un símbolo de sus creencias más íntimas.

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         Es por todos sabida la relación de las cofradías con los ritos funerarios. Recordemos que una de las principales misiones de las Cofradías era dar cristiana sepultura a sus hermanos. En nuestra ciudad, las Cofradías acompañaban a sus cofrades difuntos hasta el Callejón de los Muertos (hoy Avda. de Extremadura) donde los despedían. Esta obligación estaba escrita en los estatutos fundacionales de todas las cofradías antiguas de Jerez de los Caballeros y todas tenían una cruz para acompañar la comitiva fúnebre. Así, por poner un ejemplo, la Cofradía del Señor Ecce-Homo, en el inventario que hace de sus pertenencias en la desaparecida ermita de la calle Torres, hace constar un crucifijo para los entierros que aparece en posteriores inventarios de su Libro de Actas. Hablamos de la fecha de su fundación, en 1877, como cofradía de penitencia. ¿Qué nos queda de aquella costumbre? En la actualidad se sigue acompañando a los hermanos más ligados a las cofradías, con insignias y báculos en los funerales, en todas las cofradías jerezanas sin excepción. Con la evolución de los tiempos nacieron las compañías de seguros y ya no era necesario pertenecer a una hermandad para asegurarse el entierro, por lo que la costumbre, poco a poco, se fue abandonando. Y con ella, si es que alguna vez existió en nuestra ciudad, la práctica de enterrarse con la túnica cofrade.

          Todas estas consideraciones las tenía escritas en un artículo para la Revista de Semana Santa del año 2001. En aquel momento me pareció que era una teoría muy arriesgada y, quizás lo que más me parara para su publicación era que pudieran tomarse a broma mis conclusiones. Pero ahora –esto de Internet es una mina- me tropiezo con  comentarios que avalan mi teoría. El primero: “También se le daba utilidad (a la cola) como tela empleada para amortajar a los difuntos, siendo enterrado éste con su hábito nazareno. Práctica que se ha seguido utilizando hasta nuestros días”[2] . Y este otro que hace referencia al tema con indicación práctica de cómo amortajar a un nazareno: “Otra de las funciones de esta cola y única para las Hermandades que actualmente recogen la cola con el esparto, es que el nazareno que pide ser amortajado con su túnica cuando muera, al ser depositado en el ataúd la cola se deja a los pies, tapándolo con la misma hasta la cabeza antes de cerrar el ataúd”.[3]

           Durante los años de escasez que sucedieron a la guerra civil española, las colas de los nazarenos sacaron a las familias jerezanas de más de un apuro al utilizarlas para hacer camisas. Esta circunstancia, unida a la comodidad de no tener que limpiar y almidonar cada año la túnica, contribuyó a su desaparición conservándose tan solo, como venimos repitiendo, en la Cofradía del Señor Coronado de Espinas. En el Pregón que pronunció Álvaro Benítez en 1993 recoge el testimonio de José González Torres sobre la Archicofradía del Santísimo Sacramento: “Salía la procesión a las seis de la tarde, con solo tres o cuatro nazarenos, con las túnicas de cola y los capirotes celestes.”

           Me cuenta un buen amigo que en la época en la que se reestructuró la Archicofradía del Santísimo Sacramento, perteneciendo él mismo a su junta de gobierno, siendo hermano mayor José Luis Cano Fernández, éste, que también pertenecía a la junta de gobierno del Coronado, eliminó las colas que quedaban en la Cofradía del Santísimo un poco por uniformar a los cofrades en el desfile y otro por diferenciarla de la del Coronado y quedar las colas como seña de identidad exclusiva de esta cofradía.

           Así pues constatamos históricamente la presencia de túnicas de cola en, al menos, cuatro de las cofradías jerezanas: Santo Domingo de Guzmán, Señor Ecce-Homo, Santísimo Sacramento y Coronado de Espinas. Tradición, solera e historia pura de una singularidad indiscutible, un rasgo original que nos identifica como una Semana Santa diferente, distinta y digna de ser considerada con todas las distinciones entre las Semanas Santas de nuestra geografía.

José Márquez Franco


[1] GONZÁLEZ DE LEÓN, Félix: “Historia crítica y descriptiva de las cofradías de Penitencia, Sangre y Luz. Fundadas en la ciudad de Sevilla; con noticias del origen, progresos y estado actual de cada una, y otros sucesos y curiosidades notables”. Sevilla 1852. Reed. Facsímil. Ediciones Giralda S.L. Sevilla 1994.

[2] SÁNCHEZ, Salvador: “Simbología de las túnicas penitenciales”. Cofrademanía.

[3]Las túnicas cofrades”. lastúnicas blogspot. com.

Foto: José Javier Llorente