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MÁLAGA, LA MAYORÍA DE EDAD

Dar cuenta de nuestras incursiones en el mundo cofrade malagueño se ha convertido en un clásico en esta Revista de Semana Santa. Cumplimos veintiún años de presencia, de amistad personal, de aprender y de enseñar, de abrir los ojos y ampliar horizontes a nuestra manera de ver y entender los sentimientos de hermandad.

Durante todos estos años hemos contribuido a la promoción de nuestra ciudad y hemos dado a conocer nuestra Semana Santa por las tierras de Málaga, convirtiendo esta actividad en uno de los argumentos aportados al expediente de declaración de Interés Turístico Nacional en el pasado año.

Nosotros procuramos presentar en cada ocasión un programa distinto, lo suficientemente atractivo para el cofrade jerezano, sin dejar nada a la improvisación. Y no cabe duda de que, al parecer, hemos acertado pues de lo contrario no hubiéramos llegado a la mayoría de edad, una actividad madura con la cual se ha aliado el dinamismo que en el campo de la cultura nos ofrece la ciudad de Málaga la cual, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en la indiscutible capital cultural del Sur de la península, una trayectoria de la que hemos sido testigos privilegiados a través de nuestras visitas anuales. Nosotros hemos visto nacer y crecer la cultura en Málaga. Nada que ver aquella ciudad que conocimos en los primeros contactos de 1994 con la espléndida realidad que ahora se nos ofrece ante nuestros ojos.

En la Casa de Hermandad de la Caridad de Málaga

En esta ocasión fuimos recibidos en la Casa de Hermandad del Cristo de la Expiración. La obra de Mariano Benlliure apareció ante nuestros ojos espléndida, impresionante, dos tronos cincelados en plata considerados Monumento Nacional y una casa acogedora llena de recuerdos, del paso del tiempo por la cofradía, un lugar donde el pasado y el presente se dan la mano, donde dejamos constancia de nuestro visita con el Banco del Nazareno, adoptado como símbolo desde hace unos años de nuestra Semana Santa. Ni que decir tiene que los culpables de toda esta organización son nuestros amigos María Ángeles y Fernando. No nos cansaremos de dar las gracias a estos dos buenos amigos, siempre dispuestos a colaborar con todo lo que suene a Jerez y a su Semana Santa.

Desde la Casa de Hermandad nos dirigimos dando un paseo hasta el Palacio Episcopal, un edificio elegante, fiel al gusto del barroco, en una plaza abierta junto a la Catedral malagueña. Fuimos a tiro hecho pues ya sabíamos de antemano que en su interior nos encontraríamos con otra joya: la extraordinaria exposición de imaginería del gran escultor Pedro de Mena integrada entre otras obras antiguas y nuevas sin que ninguna desmereciera del resto. Si pudimos disfrutar de ella fue cuestión de suerte por la coincidencia de fechas, pues se trataba de una exposición temporal que difícilmente será repetible.

El domingo por la mañana lo destinamos a la visita del Museo Ruso. Este nuevo espacio museístico había sido inaugurado en el mes de marzo. Se trata de una extensión del prestigioso museo de L`Ermitage de San Petersburgo, la primera que se abre en Europa. La riqueza de fondos del Museo es de tal magnitud que ha facilitado que cada año, en el mes de Enero, la entidad programe el cambio total de su contenido. Sus salas dedicadas a las cuatro estaciones, con esos cuadros inmensos y llenos de color, ya son historia al igual que la exposición antológica de Marc Chagall que tuvimos la oportunidad de admirar. En este mismo edificio rehabilitado de la antigua Fábrica de Tabacos se encuentra el Museo Automovilístico, un espacio que hizo las delicias de los amantes del mundo del motor aunque casi sin tiempo en el programa. Lo apuntamos como asignatura pendiente.

Salimos desde allí para la “Residencia Juan González” de Churriana. Nuestros amigos nos esperaban con los brazos abiertos. Son ya muchos años de amistad con el personal y los usuarios de esta residencia a la cual acudimos por primera vez, hace ya más de veinte años, de la mano de nuestros amigos de la Hermandad malagueña de la Esperanza. Esta visita es una experiencia a la que muchos no queremos renunciar, los mayores necesitan nuestra compañía aunque solo sea por unas horas. Ellos saben quienes somos desde hace años y aguardan nuestra visita siempre por el mes de octubre, como es el caso de nuestra eterna amiga Mercedes. Estaba esperándonos como una niña que espera la llegada de los Reyes Magos pero se nos olvidaron los regalos. Luego lo solucionamos y le enviamos con Fernando, de parte de todos, una caja llena de abalorios que recibió con toda la ilusión del mundo. Estuvo Mercedes con nosotros en la misa, en la Capilla de la residencia dedicada a Nuestra Señora del Rosario, y no se separó ni un instante de nosotros.

Volvimos a casa un año más con la satisfacción de haber vivido unas jornadas inolvidables, de habernos metido en la intimidad cofrade de los malagueños, de haber disfrutado de las oportunidades que, en el campo cultural y artístico, nos ofrece Málaga, la capital cultural indiscutible del sur de España.

José Márquez Franco

Cronista.